El conmovedor viaje de Marginedas al corazón del terror llega a los cines

Hay viajes que solo pueden hacerse en solitario. El regreso de Marc Marginedas a Raqqa es uno de ellos. Poco importa que el reportero y corresponsal de guerra de El Periódico de Catalunya, del grupo Prensa Ibérica volviera a esa ciudad del norte de Siria rodeado de gente y de cámaras, porque en realidad nadie podía acompañar a Marginedas en ese viaje. Estar junto a él, sí. Filmar sus gestos y sus miradas, también. Recoger sus impresiones, sin duda. Pero vivir lo que él vivía y sentir lo que él sentía…, eso no es posible. Marc Marginedas estaba solo cuando regresó a la orilla del Éufrates, el río bíblico que proveyó el agua que hizo florecer la primera civilización del mundo, para revivir los 178 días que pasó allí cautivo de Estado Islámico

Ese reencuentro con un pasado doloroso que ha dejado tantas heridas como interrogantes es el eje narrativo de ‘Regreso a Raqqa’, el documental de Albert Solé y Raúl Cuevas que se estrena el viernes y que se presentó el miércoles en el cine Phenomena, en una proyección especial en la que un numeroso grupo de familiares, amigos, compañeros y colegas de Marginedas han podido, si no acompañarle en su periplo íntimo, sí al menos brindarle testimonio de su afecto y admiración. Y aprender de sus palabras y de sus silencios. Y emocionarse con el valoroso ejemplo de resiliencia, empatía y humildad que despliega en la película.

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Decíamos al principio que nadie podía acompañar de verdad a Marginedas en su regreso a Raqqa, y no es del todo cierto. Hay una veintena de personas que sí se hubieran podido reconocer en la experiencia que el reportero barcelonés vivió en su reencuentro con el paisaje sirio. Son los periodistas y cooperantes que entre 2013 y 2014 compartieron cautiverio con él en las celdas de Estado Islámico. Algunos, como el periodista de ‘El Mundo’ Javier Espinosa y el fotógrafo danés Daniel Rye, participan en el documental. Otros (recordemos sus nombres: James Foley, Alan Henning, Peter Kassig, David Haines, Kayla Mueller, Steven Sotloff…) no tuvieron la fortuna de salir con vida de aquel infierno.

Reporterismo y soledad

“Hablar de reporterismo en profundidad es hablar de soledad”, afirmó Plàcid Garcia-Planas, corresponsal de guerra de ‘La Vanguardia’, en los parlamentos previos a la proyección de ‘Regreso a Raqqa’. Tal vez por eso a Marginedas se lo veía tan incómodo -felizmente incómodo- al verse el centro de un multitudinario acto social como el que se vivió en el cine Phenomena. “Marc lo está pasando fatal. Tan mal como cualquiera de nosotros lo pasaría en un escenario de guerra, donde él, en cambio, estaría tan confortable”, apuntó Albert Sáez, director de El Periódico de Catalunya.

Sáez señaló que, para este diario, la existencia del documental de Albert Solé y Raúl Cuevas es “un gran motivo de orgullo”. Entre otras razones porque, añadió, “Marc nos representa mucho mejor de lo que somos”. Resulta difícil disentir de esta valoración cuando uno ve en pantalla, por ejemplo, cómo Marginedas aprovecha una visita a un campo de refugiados para desvincularsede su condición de protagonista de la película e interesarse, en cambio, por las condiciones de vida de la gente que allí malvive, por sus opiniones, sus sentimientos y sus expectativas.

Búsqueda de respuestas

Son momentos como ese, más que sus propias palabras en las entrevistas que está haciendo estos días (a su pesar), los que revelan lo que ha supuesto ‘Regreso a Raqqa’ para Marginedas. Él habla de “dar carpetazo al pasado” y de “cerrar un capítulo” de su vida. Pero se hace difícil no ver en ese viaje de vuelta al lugar en el que hace una década permaneció cautivo y sufrió torturas y humillaciones -el corazón del terror- una búsqueda desesperada de respuestas. Nada hay más frustrante para el reportero que no poder explicar algo a sus lectores porque uno mismo es incapaz de entenderlo. Marginedas, tuétano de periodista, trata de encontrar un sentido a su secuestro y va arrancando aquí y allá jirones de significado y conectando el pasado con el presente. Y es esa tensión la que da aliento a una película necesaria que, como sentenció Albert Solé, “explica una historia y muchas a la vez”.  

En 2013, Marginedas viajó a Siria porque quería relatar al mundo los padecimientos de una población civil condenada a cohabitar con una guerra despiadada. Al cabo de 10 años, sus prioridades no han cambiado. “Nuestro cautiverio no es nada comparado con el sufrimiento de esta gente”, afirma en un momento de ‘Regreso a Raqqa’. La larga y cálida ovación que siguió a la proyección premió las muchas virtudes del filme, sí, pero también la conmnovedora entereza de un periodista ejemplar y un ser humano admirable. 

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